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Lactancia materna: uno de los vínculos más grandes entre mamá e hijo




La relación entre madre e hijo inicia desde la gestación. Esta unión se produce tanto a nivel celular como en el apego afectivo, desde que la mujer queda embarazada; pues a partir de que el embrión atraviesa las trompas de Falopio, se envían avisos moleculares que los preparan a ambos para pasar nueve meses en simbiosis, es decir, brindándose mutuo apoyo.


El rol físico de una madre en el desarrollo de los niños es, probablemente, el más obvio. La lactosa que le entrega la leche materna al bebé le permite mantener un buen nivel de azúcar en la sangre, facilita la eliminación de deposiciones y evita que les dé ictericia, una afección que se refiere al color amarillento de la piel y el blanco de los ojos, y que se da cuando hay exceso de bilirrubina en la sangre.




Johanna Zapata es docente titular de trabajo social de la UPB, encargada del curso de “Metodología de intervención con familias e individuos”, directora del Grupo de Investigación en Familia y madre de un bebé de 4 meses. Para ella la lactancia materna tiene un alto grado de importancia en el fortalecimiento de ese vínculo madre-hijo.


“Lactar es una apuesta, no es algo natural como muchas veces no lo han hecho creer. Es una apuesta porque no solo es que te salga la leche y ya. Es saber qué va a generar esa leche en el bebé, tanto biológicamente como emocionalmente. Desde mi trabajo y en mi vida personal me he dado cuenta que es muy difícil lactar exclusivo y a libre demanda”, explica Johanna Zapata.


Al inicio es muy desgastante para las mamás estar ahí, dispuestas, con el dolor que genera tener los pezones inmaduros para la lactancia y con una red de personas que las está presionando de alguna forma y que les está diciendo que el bebé puede quedar con hambre, que está llorando, etc., para Johanna después de 4 meses de lactancia, los logros se están viendo no solo en ese bebé tan sano, sino tan apegado a ella.


“No es los mismo dar leche de formula en un tetero que estar cerca, cara a cara con él. La mirada, que él lo pueda sentir a uno, que pase su manito por el pecho. Yo creo que cuando uno pasa las situaciones más duras, es cuando uno ve la importancia de la lactancia”, explica la trabajadora social.


Pero contrario al caso de Johanna, también hay muchas madres que no pueden vincularse al bebé desde el momento de su nacimiento. Un bebé con problemas de salud o prematuro, como es el caso de los que son atendidos por la Fundación Milagros de Vida en la Clínica Universitaria Bolivariana, significan momentos en que las madres temen que han perdido la oportunidad de generar ese vínculo con sus hijos. Pero no debe ser así, ya que el vínculo no es un flechazo sino una relación que se construye durante meses y años a base de contacto físico y cariños diarios.


“La palabra. La voz es fundamental en el bebé. Ellos empiezan reconocer la voz de quienes les hablan con frecuencia y atienden a esa voz. Si yo no lo puedo tocar mucho y no puede haber mucho contacto físico, esos momentos hay que aprovecharlos al máximo”, cuenta Johanna.

Lo más recomendable es pasar el mayor tiempo posible con los bebés en las unidades neonatales, pues así muchos piensen que el bebé no se va a dar cuenta, sí lo hacen. “Se les puede cantar canciones, hablarles bajito. Decirles quiénes somos como mamá, qué sentimos, qué está pasando”, finaliza.


Por María Alejandra Buriticá Tamayo – Agencia de Noticias UPB




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